lunes, 29 de julio de 2013

Algunas reflexiones sobre la intolerancia religiosa


Un profundo sentimiento, mezcla de dolor y de tristeza, me invadió algunos días atrás, luego de enterarme por la televisión que una turba que protestaba a favor de la legalización del aborto había ingresado violentamente a la Catedral de Santiago, en plena celebración de la Santa Misa, destruyendo cuanto encontraron a su paso. Las imágenes que captaron el momento son elocuentes: destrucción de bancas y confesionarios, rayados por doquier con frases blasfemas, vandalismo puro a fin de cuentas. 

Es a propósito de este hecho -que todos los actores sociales han calificado de irreflexivo y profundamente doloroso para el mundo cristiano- que quería realizar algunas reflexiones sobre la libertad religiosa, la libertad de conciencia y la tolerancia (o intolerancia) religiosa.

Vivimos en un mundo convencido de su maduración intelectual y reflexiva, ya sea motivado por la existencia de nuevas tecnologías, por el deslumbramiento que producen los grandes desarrollos científicos, por el avance desenfrenado en el campo de las comunciaciones con las mal llamadas "redes sociales", etc. Pero lo cierto es que se trata de ver una solo cara, en lugar de ver las dos que tiene una misma moneda. No olvidemos que existen millones de personas que sufren por esas "razones" que la Humanidad cree ya superadas. 

Existen más de 40 países en los cuales los cristianos (y no sólo ellos sino también los miembros de otros cultos o creencias) tienen serias dificultades para vivir su fe de manera coherente. Así, por ejemplo, mientras en Chile o en Estados Unidos las personas viven preocupadas de lo que sucede en Twitter o en Facebook, en países como Sudán existe una dirección gubernamental fundamentalista islámica que discrimina a los cristianos a través de leyes injustas que restringen sus derechos fundamentales. Otro ejemplo: en Irak, grupos radicales asesinan cristianos sólo por tener la condición de tal.

Existen millones de católicos perseguidos en Corea del Norte, Pakistán, Nigeria, China, Cuba, Siria, etc. Aquí les dejo un link para que véan el Informe del Año 2010 sobre la Libertad Religiosa en 194 países: Informe AIS.

En Chile, la Constitución Política asegura a todas las personas la libertad de conciencia, la manifestación de todas las creencias y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público (artículo 19 nº6). 

Además, según el artículo 12 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, también denominada "Pacto de San José de Costa Rica":

  1. Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión. Este derecho implica la libertad de conservar su religión o sus creencias, o de cambiar de religión o de creencias, así como la libertad de profesar y divulgar su religión o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado.
  2. Nadie puede ser objeto de medidas restrictivas que puedan menoscabar la libertad de conservar su religión o sus creencias o de cambiar de religión o de creencias.
  3. La libertad de manifestar la propia religión y las propias creencias está sujeta únicamente a las limitaciones prescritas por la ley y que sean necesarias para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos o los derechos o libertades de los demás.
  4. Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.
Es necesario que las sociedades despierten de aquel profundo mundo onírico y comiencen a reconocer la importancia del respeto mutuo y de la tolerancia (que no significa lograr acuerdos sobre algo, sino simplemente respetar las opiniones ajenas). Nadie puede imponer a otra persona sus convicciones o creencias. De la misma manera, nadie puede privar a otro ser humano de sus convicciones o creencias. 

Se trata de dar el paso necesario para fortalecer el derecho fundamental de toda persona a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa. Como dice el filosofo Jorge Peña Vial "Las libertades de pensamiento, de religión y de conciencia constituyen el núcleo fundamental de la libertad cívica, en lo que atañe al desarrollo del mundo del espíritu propio de la persona humana" (Ética de la Libertad, Santiago, Instituto Respública, 2013, pág. 167).


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