sábado, 21 de junio de 2014

Junio 1968 - Jorge Luis Borges


Junio 1968

En la tarde de oro 
o en una serenidad cuyo símbolo 
podría ser la tarde de oro, 
el hombre dispone los libros 
en los anaqueles que aguardan 
y siente el pergamino, el cuero, la tela 
y el agrado que dan 
la previsión de un hábito 
y el establecimiento de un orden. 
Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang, 
reanudarán aquí, de manera mágica, 
la lenta discusión que interrumpieron 
los mares y la muerte 
y a Reyes no le desagradará ciertamente 
la cercanía de Virgilio. 
(Ordenar bibliotecas es ejercer, 
de un modo silencioso y modesto, 
el arte de la crítica.) 
El hombre, que está ciego. 
sabe que ya no podrá descifrar 
los hermosos volúmenes que maneja 
y que no le ayudarán a escribir 
el libro que lo justificará ante los otros, 
pero en la tarde que es acaso de oro 
sonríe ante el curioso destino 
y siente esa felicidad peculiar 
de las viejas cosas queridas.

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