martes, 6 de marzo de 2012

Universidad de Chile: Pasión y Alegría


En la afamada película ganadora del Oscar "El Secreto de sus Ojos" de Juan José Campanella, uno de los personajes le dice a Benjamín Espósito: "El tipo puede cambar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión".

La pasión dice relación con aquella acción que llevamos a cabo consistente en "padecer". La pasión de Nuestro Señor Jesucristo es "la entrega" del Rey de reyes por los hombres, es un padecimiento de un Dios fiel, benigno y lleno de misericordia que se hizo carne y habitó entre nosotros para redimirnos, por Amor. El amor de pareja, el verdadero amor conyugal consiste en un padecer "por el otro" y "con el otro". Finalmente, la pasión por una actividad, por un arte o por un deporte es algo más que un sentimiento: es un "padecer" por ese algo que nos colma de entusiasmo, de alegrías muchas veces y de dolores otras tantas.

El fútbol es irrefutablemente una pasión. Pero no es cualquier pasión. << Es una pasión de multitudes>> como tan acertadamente he oído decir a muchos comentaristas deportivos.

Mi querido viejo, ya de los quince años que seguía los partidos del romántico viajero a través de la sintonía radial. Como toda pasión, fue un amor que creció y maduró con el correr de los años. Y la vida quiso que mi hermano y yo heredáramos muchos años después la misma pasión por el club.

Durante todo el año me las arreglé para seguir de cerca los partidos de la "U". Unos cuantos partidos los contemple por el Canal del Fútbol. En algunas ocasiones, cuando la televisión no era una alternativa posible, escuché los emocionantes relatos de Alberto Jesús López (el trovador del gol) y su famoso <<Grítalo si eres azul>> Pero la mayoría de las veces observé atentamente los partidos a través de las precarias señales que ofrece Roja Directa. De este modo lograba compatibilizar mis deberes académicos, familiares y religiosos con mi pasión por Universidad de Chile.

Otros amigos fueron más allá. Dejaron todo de lado para viajar este 2011 de norte a sur, recorriendo los más variados estadios que ofrece el fútbol criollo, consiguiendo el dinero necesario en los momentos oportunos. No faltaron los que viajaron al extranjero. Los estudios, obligaciones y responsabilidades que tuvieran que cumplir eran derivadas a un segundo plano dentro de sus conciencias. Lo más relevante era alentar al "equipo de los amores" en las circunstancias que fuesen menester. Y esto es sólo explicable porque el fútbol es una pasión para muchas vidas humanas. Alguien ajeno a esta pasión no lo podría comprender. Es como pretender que alguien que no posea un catalejo pueda observar y describir lo que hay más allá del horizonte.

El "pueblo azul" celebra con bombos y cánticos los triunfos épicos logrados a punta de trabajo, sacrificio, esfuerzo y mucha humildad por parte del plantel azul en este año dorado. ¿Cómo olvidar el magnífico gol de Diego Rivarola a Colo Colo en el Apertura? ¿Cómo olvidar la diagonal de la muerte de Eduardo Vargas a Liga de Quito? La directiva de Azul Azul S.A. también merece reconocimientos. Lograron sacar adelante la dirección del club luego de su quiebra el año 2007, construyeron uno de los mejores centros de formación de jugadores de nuestro continente, realizaron buenas contrataciones, y este año que casi termina se coronaron campeones de Sudamérica. ¡Pero todo ello sólo puede sustentarse en la práctica por el hecho de que el fútbol es una Pasión!

Este 2011 pude gritar junto con mi padre y mi hermano: ¡Universidad de Chile, Campeón del Apertura, Campeón de la Copa Sudamericana y Campeón del Clausura! Y la pasión por este equipo me hace terminar esta columna cantando:

"Ser un romántico viajero
y el sendero continuar,
ir más allá del horizonte
do remonta la verdad
y en desnudo de mujer
contemplar la realidad"

"Brindemos camaradas, por la Universidad
en ánforas azules de cálida emoción
Brindemos por la vida fecunda de ideal
sonriendo con el alma prendida en el amor"


 

¡Ceacheí, ceacheí, ceacheí! 

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